El papel de la Atención Primaria durante la pandemia ha sido absolutamente extraordinario. Ha tenido que reinventarse hasta llegar a no reconocerse, pero jamás ha olvidado s u razón de ser, más bien se ha empoderado como lo que es: una auténtica muralla contra la enfermedad y a favor de la prevención y promoción de la salud.
La Atención Primaria es la primera en llegar y la última en irse y siempre en primera línea. Ha desarrollado un papel fundamental en la demanda, en el diagnóstico, tanto de patología respiratoria corno en la del resto, en el domicilio y en educación sanitaria para seguir a los confinados y para prevenir de nuevos contagios.
¿Pero y qué me dicen de las residencias de mayores y centros socio sanitarios? La atención desde los centros de salud ha sido de una intensidad y de una profesionalidad encomiable. De una dureza y de un esfuerzo que tardarán los profesionales mucho tiempo en olvidar. Nadie podía imaginar que nos enfrentaríamos a los efectos de una pandemia, con todo lo que ello conlleva.
Nuevas formas de trabajar se han instaurado, y muy posiblemente para quedarse: consultas telefónicas, de asesoramiento, de trámites burocráticos, de información, incluso de diagnóstico con aplicaciones de transferencia de imágenes y documentos, de seguimiento de pacientes crónicos, de evolución de heridas, de fomento de los autocuidados, etc. etc… y sin olvidar un inmenso potencial de información de aporte de tranquilidad a la población.
La atención primaria ha demostrado ser capaz de acercarse a su población gracias al conocimiento que tiene de los antecedentes de sus pacientes, familiares e historiales. Estando lejos de los usuarios nos cuentan que nos han sentido cerca.
Se ha hecho un seguimiento de extraordinaria importancia de los casos en domicilio lo que ha contribuido de forma eficaz en evitar el colapso de los hospitales y que estos pudieran atender casos de mayor gravedad.
Y ahora entramos en un periodo de vuelta a la nueva normalización. Las prisas y las presiones no son buenas aliadas y la situación debe ponernos a todos en máxima alerta: los datos así lo reflejan. Estamos en la época de evitar posibles repuntes epidémicos y para ello es fundamental el diagnóstico precoz de casos sospechosos y la detección de contactos estrechos para seguir aislando las personas susceptibles de ser contagiosas. Y ahí ha vuelto a ponerse las pilas la Atención Primaria. Nuestros centros ya están otra vez a velocidad de vértigo ya así lo aportan las cifras.
La atención primaria ha de ser apoyada desde todos los ámbitos: directivos, ayuntamientos, cuerpos de seguridad, medios de comunicación… cada uno en su ámbito, poniendo a disposición de los directivos, cargos intermedios y profesionales todas aquellas medidas que le permitan realizar un trabajo de calidad y eficacia. Que no se le olvide a nadie que estamos en una pandemia.
No puede acabar este reconocimiento sin mencionar a nuestro nivel hospitalario, urgencias y cuidados intensivos: nuestros grandes aliados. Ellos hacen que la soledad, que en muchas ocasiones se vive en la atención primaria, se vea aliviada.
Llevamos dos meses de dura realidad; en ellos he visto enfermeras llorar, he visto médicos que se llevaban una lista para llamar a sus pacientes por la tarde y así intentar evitar una derivación al hospital, he visto miedo, respeto, desesperación y he visto dolor al perder a uno de los nuestros: faltan adjetivos.
No sé lo que la pandemia nos deparará, pero gracias (en mayúsculas) por todo lo que estáis enseñando hoy a nuestra sociedad.
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